Sus manos no hacían más que frotar sus cortos cabellos y sus pies menearse de un lado a otro.
Harto de encontrarse en esta situación, se levanto con la misma mirada desorbitante y acudió al teléfono.
- Señorita necesito con urgencia un turno con el Dr. Martínez – dijo Pedro-
- Lo lamento señor, pero los turnos mas próximos los tengo para la semana que viene
- Escúcheme un minuto, tengo problemas de corazón y estoy sintiéndome mal, por lo tanto le ruego un turno para hoy – suplico Pedro-
- Si taaannnnn mal se siente debería acudir a un centro de urgencias y no a este consultorio – ironizo la secretaria –
- Por favor, es otro tipo de malestar, tengo miedo de que algo raro me este pasando, déme un turno.
- Esta bien, hoy a las 4 de la tarde, sea puntual, no quiero problemas con el Dr.
- Gracias, gracias. Mi nombre es Pedro… Pedro Santos.
Pedro no pudo controlar la ansiedad que le invadía, a pesar de faltar horas para la cita con el medico decidió cambiarse, lavarse la cara y peinarse para luego esperar frente al consultorio.
Sin poder quedarse quieto no hacia otra cosa más que sentarse y pararse del cordón cuneta ubicado frente al centro medico, ir y venir y rascarse la cabeza con sus dos manos y mirar para todos lados, pero a la vez a ninguno.
La hora llego, a las 4 y punto de la tarde Pedro entro en el centro medico, miro a cada uno de los pacientes que allí esperaban, como buscando una respuesta en cada uno de ellos o como preguntándose si alguien sufriría lo mismo que el y sin hacerse anunciar por la secretaria avanzo hacia el consultorio en donde descifraría el misterio que tanto lo atormentaba.
Al abrir la puerta bruscamente, pedro observo que el doctor se encontraba firmando unas actas de defunción de unos abuelos del geriátrico del barrio. Aflojándose la corbata y pasándose nuevamente las manos por la cabeza, pedro miro fijamente al doctor y sollozando le dijo: - siento que me estoy muriendo-
- pero querido, no me diga tremenda brutalidad. Cuando uno se esta muriendo no se da cuenta de eso. El dolor se hace carne y la agonía costumbre.
- Doctor no me venga a decir a mi lo que se siente cuando uno se esta muriendo, es como…. Como una decadencia rítmica.
- No entiendo – dijo el doctor con cara de desconcertado.
- Claro es eso, es como sentir que el corazón ya no late con la misma intensidad de siempre ante diferentes situaciones.
- Explíqueme sus síntomas, por que no estoy entendiendo – dijo el doctor sacándose los lentes y mirando fijamente a Pedro.
- Doctor… ayer la mujer de mis sueños pasó frente a mí… y nada. Hoy maltrate a un niño en la calle que me pedía monedas…. Y nada. Mi madre ha muerto… y nada. Mi corazón ya no da sobresaltos, ni tengo taquicardia cuando hago el amor, ni siento el corazón en la boca cuando tengo algún susto. Me estoy muriendo doctor, mi corazón esta dejando de latir.
- Querido, querido, usted no se esta muriendo, ni su corazón esta dejando de latir, su corazón esta dejando de sentir, es algo muy distinto.
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